Ikaruga, Switch, el espíritu de Cuphead y el lago de los cisnes de Tschaikovsky
Publicado: Dom Ene 10, 2021 4:27 pm
Esrito en 2018:
Hay juegos que trascienden a su género. No son un icono del mundo gamer por ser el mejor de un género, si no que independientemente de los gustos del jugador enganchan a cualquiera. Dos amigos viejunos se han hecho con una Nintendo Switch y el día que leí la noticia de que Ikaruga salía para switch, les escribí; Ikaruga es a los juegos de naves, lo que El Padrino es a las películas de gansters, kurosawa a las de samurais, El señor de los Anillos a la fantasía o los Rolling al rock
Una de las sorpresas que me he llevado en esta generación ha sido el éxito del Cuphead. No porque el juego no sea bueno, que lo es, si no por que su fórmula se remonta a los arcade de finales de los 80. Reto elevado, necesidad de repetición, maestría de la situación y avance. Eso sí, siempre dejando esperanza al jugador para volver a intentarlo. Es precisamente esta fórmula, que existe en juegos como Ghoulst and Ghost, Cuphead, los clásicos shootemups o Dark Souls, en la que Ikaruga brilla con luz propia.
Cometí el grave error de jugar por primera vez al ikaruga en la versión Tablet de Android. Y digo error no porque el juego no fuese parejo al de dreamcast, o Xbox 360, si no porque no es un juego que se pueda dominar con mandos táctiles. Puse la opción infinitos continues y lo recorrí entero. Recuerdo que me pareció muy corto, pero reconocí que tenía que volver al juego en condiciones. Esperé pacientemente y un día lo ví en Steam. Lo compré al instante. Ya con el pad de Xbox lo disfruté desde el primer minuto. Luego contaré que lo hace tan especial, pero seguiré diciendo que cuando se hizo retrocompatible también los compré para la Xbox one donde conseguí la que considero una de mis proezas gamers; el 1cc en Ikaruga.
Ikaruga es un juego especial desde que comienza. Sale despedida nuestra nave con una música que invita a la acción y da un toque épico a nuestra aventura. Tras matar unos cuantos enemigos y todavía al principio de la pantalla se produce una transición en la que se nos dan mensajes crípticos sobre la historia. Pronto uno se da cuenta de que hay dos tipos de enemigos; azules y rojos y que podemos cambiar nuestra nave a disparo azul y rojo. Con el color inverso matamos antes a nuestros enemigos, pero sus balas nos matan. Sin embargo si estamos en azul y nos disparan balas azules, nos sirven para coger energía de cara a lanzar un superataque. Este sistema simple de juego da un resultado fantástico. Además, cada vez que encadenamos tres malos eliminados del mismo color, vamos multiplicando la puntuación que nos dan al seguir eliminando enemigos. Esto que es un opcional, se convierte en obligado si se quiere hacer el 1CC, ya que con los puntos nos dan vidas y sin ellas es muy difícil acabar el juego.
La diferencia entre un concierto de música en el que el cantante baila más o menos como quiere y un ballet como puede ser El lago de los cisnes de Tschaiskovsky es la misma que entre cualquier juego de naves e Ikaruga. En cualquier concierto el cantante tiene su estilo que compagina con la música de una manera efectiva y que añade al espectáculo. En un ballet, música y artistas forman un único elemento en el que no se puede entender uno sin el otro. Gráficos y banda sonora en Ikaruga son una misma cosa. Las naves enemigas aparecen en pantalla en el preciso momento en el que la música toma un giro determinado. La épica de la BSO de las dos últimas pantallas es bestial y la coordinación de todos los sprites se asemeja a un ballet.
Lo que al principio parece un juego corto, una vez que uno quiere acabarlo sin continuar se convierte en un juego con la medida justa. Con cinco pantallas absolutamente diferentes, jefes finales muy originales y un reto enorme por delante.
Recuerdo cuando lo conseguí. Me quedé mirando los pájaros de Ikaruga volar, mientras me sentía plenamente satisfecho a la vez que conseguía relajar la tensión vivida en los anteriores 25 minutos.
Uno de los grandes de la historia del videojuego.
Hay juegos que trascienden a su género. No son un icono del mundo gamer por ser el mejor de un género, si no que independientemente de los gustos del jugador enganchan a cualquiera. Dos amigos viejunos se han hecho con una Nintendo Switch y el día que leí la noticia de que Ikaruga salía para switch, les escribí; Ikaruga es a los juegos de naves, lo que El Padrino es a las películas de gansters, kurosawa a las de samurais, El señor de los Anillos a la fantasía o los Rolling al rock
Una de las sorpresas que me he llevado en esta generación ha sido el éxito del Cuphead. No porque el juego no sea bueno, que lo es, si no por que su fórmula se remonta a los arcade de finales de los 80. Reto elevado, necesidad de repetición, maestría de la situación y avance. Eso sí, siempre dejando esperanza al jugador para volver a intentarlo. Es precisamente esta fórmula, que existe en juegos como Ghoulst and Ghost, Cuphead, los clásicos shootemups o Dark Souls, en la que Ikaruga brilla con luz propia.
Cometí el grave error de jugar por primera vez al ikaruga en la versión Tablet de Android. Y digo error no porque el juego no fuese parejo al de dreamcast, o Xbox 360, si no porque no es un juego que se pueda dominar con mandos táctiles. Puse la opción infinitos continues y lo recorrí entero. Recuerdo que me pareció muy corto, pero reconocí que tenía que volver al juego en condiciones. Esperé pacientemente y un día lo ví en Steam. Lo compré al instante. Ya con el pad de Xbox lo disfruté desde el primer minuto. Luego contaré que lo hace tan especial, pero seguiré diciendo que cuando se hizo retrocompatible también los compré para la Xbox one donde conseguí la que considero una de mis proezas gamers; el 1cc en Ikaruga.
Ikaruga es un juego especial desde que comienza. Sale despedida nuestra nave con una música que invita a la acción y da un toque épico a nuestra aventura. Tras matar unos cuantos enemigos y todavía al principio de la pantalla se produce una transición en la que se nos dan mensajes crípticos sobre la historia. Pronto uno se da cuenta de que hay dos tipos de enemigos; azules y rojos y que podemos cambiar nuestra nave a disparo azul y rojo. Con el color inverso matamos antes a nuestros enemigos, pero sus balas nos matan. Sin embargo si estamos en azul y nos disparan balas azules, nos sirven para coger energía de cara a lanzar un superataque. Este sistema simple de juego da un resultado fantástico. Además, cada vez que encadenamos tres malos eliminados del mismo color, vamos multiplicando la puntuación que nos dan al seguir eliminando enemigos. Esto que es un opcional, se convierte en obligado si se quiere hacer el 1CC, ya que con los puntos nos dan vidas y sin ellas es muy difícil acabar el juego.
La diferencia entre un concierto de música en el que el cantante baila más o menos como quiere y un ballet como puede ser El lago de los cisnes de Tschaiskovsky es la misma que entre cualquier juego de naves e Ikaruga. En cualquier concierto el cantante tiene su estilo que compagina con la música de una manera efectiva y que añade al espectáculo. En un ballet, música y artistas forman un único elemento en el que no se puede entender uno sin el otro. Gráficos y banda sonora en Ikaruga son una misma cosa. Las naves enemigas aparecen en pantalla en el preciso momento en el que la música toma un giro determinado. La épica de la BSO de las dos últimas pantallas es bestial y la coordinación de todos los sprites se asemeja a un ballet.
Lo que al principio parece un juego corto, una vez que uno quiere acabarlo sin continuar se convierte en un juego con la medida justa. Con cinco pantallas absolutamente diferentes, jefes finales muy originales y un reto enorme por delante.
Recuerdo cuando lo conseguí. Me quedé mirando los pájaros de Ikaruga volar, mientras me sentía plenamente satisfecho a la vez que conseguía relajar la tensión vivida en los anteriores 25 minutos.
Uno de los grandes de la historia del videojuego.